El Barquillero, vendedor de olvidos





La profesión de barquillero perteneció al conjunto de profesiones ambulantes, al igual que el aguador, el heladero, que se ejercieron durante buena parte del siglo veinte. Hoy desaparecidas, son parte de nuestro patrimonio cultural inmaterial.

El barquillero, se dedica a la fabricación y venta de barquillos - Pasta delgada que puede toma diferentes formas: de barco encrespado, de abanico, de semi cono, etc.-

La barquillera -caja de hojalta con una ruleta en la tapa- le permitía transportar los barquillos. El Tac-Tac de la ruleta llamaba la atención de los niños que se acercaban para adquirir el dulce. Establecido un precio –el realito, patacón, la perrachica-, la venta se hacía mediante el juego –la tirada o el clavo-. Se hacía girar la ruleta y el azar determinaría el premio correspondiente o número de barquillos que le tocaban al jugador.

En el concejo de
Parada de Sil (Ourense),
numerosos vecinos desarrollaron esta actividad en los años que circundan la guerra civil española. Como auxilio a la débil economía doméstica se desplazaban a diversos puntos de la geografía gallega, aprovechando eventos de gran confluencia de gente: fiestas patronales, ferias… En sus desplazamientos, pasaban los lindes de Galicia –Pontevedra, Lugo, Ponferrada, Salamanca,etc-. A Madrid, llegaban por San Isidro, en grupos de dos o tres. Desde río Aluche fabricaban y distribuían sus mercancía por toda la ciudad eligiendo los lugares de mayor concurrencia.

A través de la obra Barquillero: vendedor d´olvido, publicado por la editorial Toxosoutos, y en consonancia con el concejo de Parada de Sil se pretende recoger y recuperar para la memoria esta dimensión de nuestra etnografía.